miércoles, 15 de julio de 2009

Autos y Perros Aspiracionales

Miro por la ventana y con incredulidad compruebo que mi vecino cambió nuevamente sus dos autos. No tendría nada de malo si fuera millonario o si los vehículos tuvieran varios miles de kilómetros, pero la verdad es que gana bien sin ser rico y que cambia de auto una vez al año. Y esta vez lo hizo !!!dos!!! No puedo terminar preguntándome que en vez de gastar tantos millones en un vehículo que su esposa usa con suerte para ir al supermercado y él para depositarlo en el estacionamiento del trabajo podría comprarse una mejor casa –digo yo-. Para no tener ese colchón parado en la ventana de su escritorio por falta de espacio.
Bueno, es el mal de los barrios de clase media donde la necesidad de salvaguardar la imagen se centra en la posesión de autos -ojalá 4X4 para que las señoras lleven a los niños al colegio o vayan al supermercado, y los perros. Ojalá tamaño XL o de razas y aspectos raros.
Quizás tenga una sana envidia, porque perros no tengo y mi auto tiene ¡12 años!, pero como gasta tan poco y funciona tan bien, no tengo la menor intención de cambiarlo. Aunque después de escuchar a un profesor de Marketing respecto de que una forma de dar valor a una propiedad a la venta era tener un auto caro en el estacionamiento, podría evaluar la compra de otro más moderno….cuando quiera vender mi casa y cambiarme a un barrio menos aspiracional.

viernes, 5 de junio de 2009

Manejo del Tiempo

A veces reclamo porque siento que paso el día apagando incendios o haciendo cosas necesarias, urgentes, pero que al final del día inútiles. Mi amiga Ximena me aclaró el tema con un buen ejemplo: pasarse el día haciendo las cosas que “debo hacer hoy” implica pasársela contestando el mail, llamando por teléfono, asistiendo a reuniones, etc. Lo importante es planificar para que las horas no se esfumen entre los dedos.


¿Cómo hacerlo?

Hacer una buena planificación estratégica que incluya nuestros objetivos a mediano y largo plazo, es decir estudio para la prueba de mañana, pero también me preocupo del trabajo que tengo que entregar en dos semanas. Administro mi vida sacándole el jugo a las 24 horas, para que cuando me entregue en la noche al control remoto no sienta que el día "pasó en banda".

Una profe amiga me entregó unos truquitos. Se los comento:

1.- Plantéate metas reales, medibles y alcanzables sobre lo que realmente quieres hacer. ¿Seguir un curso?, ¿Ir al gimnasio? Así el día se enfocará en torno a lo importante.

2. Escriba pendientes. Ximena ocupa un cuaderno tipo college para anotar ordenadamente lo que tiene que hacer y un corrector blanco para eliminarlos cuando los logra .

3. No te disperses. Si usa este cuaderno para sus pendientes laborales, hay que dejarlo en la oficina para llegar a su casa con la mente aliviada y concentrarse. Nada que ver con estar en un café torturándose con el Pendiente número 48…. Además, el que mucho abarca....poco aprieta.

4. Bendito orden: Mantener el escritorio, la pieza o el lugar de trabajo sin papeles arrumbados ayuda a descansar la mente y disminuye el estrés. ¿Qué hacer para lograr tener un lugar despejado? Los japoneses recomiendan no mover un papel si no se tiene la intención de hacer algo con él. O sea, cada vez que nos llegue un mail o documento lo que se puede hacer se reduce a: Delegar, Archivar, Tramitar o Tirar.

6. Usa la agenda. Cumple las actividades programadas y aprende a decir que no a actividades que interrumpan esta programación. O sea si te invitan a ir al cine cuando te comprometiste a estudiar con tu amiga para el examen de dos días, no aceptes. Y cuando aceptes una invitación ¡hazlo y no postergues!.

A mí estos trucos me dan resultado y siento que avanzo en el logro de mis metas y que el día me rinde un poco más.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Reinventarse

A la salida de la reunión semanal de la empresa donde trabajo part time, Paola me invitó a tomar un café cortado. Aprovechamos de conversar de las nuevas exigencias formales del trabajo, de la crisis y de las ganas que tenía de reinventarse, a los 38 años. Claro, con el miedo a la cesantía, a que con el sueldo de una profesional senior contratan dos o más jóvenes sin experiencia, lo único que va quedando es reinventarse periódicamente. Es decir mutar, explorar, lo que en estricto rigor equivale a capacitarse, a seguir estudiando de lo mismo y mejor o sencillamente cambiar de rumbo. O sea, si durante 20 años fuiste secretaria, a lo mejor con unas lucas y mucho esfuerzo sacar una carrera. Así lo hizo Mónica, una conocida a quien conocí como secretaria, pero que ahora cerca de los 50 es la jefa administrativa del servicio porque sacó una ingeniería en ejecución vespertina (y se la pagó la empresa). Tengo también amigas periodistas que se convirtieron en abogadas o ingenieros comerciales, a profesoras que mutaron a sicólogas; parvularias que ahora son entrenadoras de yoga; vendedoras que con un Master son ahoras gerentes de Producto, etc, etc. Y muchas veces a costo económico cero, porque cada vez son más las empresas que dan a sus funcionarios la opción de capacitarse. Claro, que "hay que poner en remojo las neuronas", lo que implica estudiar en cada rato libre, ir a clases los fines de semana, hacer trabajos en vacaciones, etc, pero es un sacrificio que lejos vale la pena. Porque estudiar revitaliza y además, rejuvenece.

martes, 5 de mayo de 2009

¡Bingo!...Un bebé a los 40

Tuve mi tercer hijo a los 42 años... Cuando llevaba ¡al fin! una vida lejos de mudas, pañales, noches en vela, dramas porque había faltado la empleada y todo lo que conlleva la crianza de un bebé. El caso es que pese a que las probabilidades de embarazo eran apenas sobre cero, quedé en estado. Y con un embarazo de alto riesgo, que los doctores y todo el mundo se encargaron de hacerme sentir bien a menudo. Así, a la angustia y preocupación de tener un hijo se se sumó la probabilidad de que naciera con problemas debido a mi edad ( afortunadamente para mi salud mental nadie consideró la del padre, más viejo aún). Pasé semanas terribles donde las estadísticas de Sindrome de Down taladraban mi cabeza y finalmente me hice una ecografía que mediante el análisis del fémur y otros huesos alejaron un tanto la probabilidad de tener un bebé con alteraciones cromosómicas. Recuerdo que salí de la consulta con un poco más de optimismo, pero también pensé ¿si tengo un hijo con limitaciones lo voy a devolver? Obvio que no, así que decidí olvidarme un resto de médicos y exámenes y ser optimista. Me dediqué a comer sano, a nadar, hacer ejercicio y a descansar.
Al final, el embarazo de vieja fue lejos el mejor de los tres y el que menos impacto provocó en mi cuerpo. ¿Yel niño? Nació perfecto y en una casa armada, llena de afecto para recibirlo

miércoles, 15 de abril de 2009

No Money No love


Realmente herví de rabia cuando en uno de los almuerzos sabatinos con mis compañeros del magister, los patudos machistas comenzaron a… pelar a las mujeres. Que las jóvenes, que las menores de treinta, que las de cuarentas eran todas unas viejas. Que había que cambiarlas por dos de veinte…

Con Tamara esbozamos unas risitas nerviosas primero, jiji - que no nos vayan a meter a nosotras en el saco, pensamos-, pero ligerito prendimos y decidimos salir al ataque. Nuestro contundente argumento fue que el hombre sufre notoriamente el paso de los años y para ese “impedimento” lo único que sirve es el dinero.

“¿Alguien conoce a algún hombre mayor y pobre que ande con una regia estupenda?”, les preguntamos. Por supuesto que no, porque en nuestro continente machista usualmente se da la vinculación entre una mujer pobre, generalmente con menor educación y un hombre mayor, pero (he ahí el detalle) con una billetera interesante. O sea si no tienen dinero, no tienen nada y menos a las diosas que ellos creen conseguir per se.

Por ejemplo, tengo un conocido de cerca de 60 años, Luis, que está casado por segunda vez con una lola de 28, a quien conoció a los 22 años, Claro que él es un médico de prestigio, con sólida situación económica, hijos ya profesionales y ella recién está iniciando una carrera en una universidad de segundo nivel que, por supuesto él paga. Y él más encima se cree la muerte y jura que es por su propio mérito…

Nosotras las mayores nos reímos de su ilusión y pensamos que si fuera realmente tan seguro de si mismo se buscaría una mujer de su nivel y condición. Que al menos probara que puede valerse por si misma.

martes, 14 de abril de 2009

¿Dueña de Casa?

El otro día mi vecina Marcela me comentó lo mucho que trabajaba como ingeniero. No ahorró adjetivos para describirme sus éxitos, lo mucho que tenía que viajar a congresos y bla, bla,bla. Yo le miré sus sandalias de 12 centímetros desde mi modesto pantalón de algodón e intenté una débil defensa de mi condición: pues, que puedo darme el lujo de cuidar personalmente a mis hijos, sin dejar esa tarea a una “nana”.

Por mi barrio, de clase media acomodada, son las nanas, mujeres dedicadas a las tareas del hogar quienes se encargan de los niños mientras las “jefas” trabajan, estudian, salen de compras y van al gimnasio.

Mi caso es un tanto distinto. Tengo tres hijos, estudios de post grado y siempre he tratado de acomodar mi trabajo a las necesidades de mi familia. Así, en alguna época he trabajado como esclava en jornada completa y descansos cada 12 días; en otras lo he hecho por media jornada; en otras desde la casa, por encargo y también me he dedicado sólo a hacer las tareas del hogar y atender a mis hijos. He tratado de ajustar la intensidad laboral a la edad de los niños, considerando como una inversión el amamantamiento y el cuidado exclusivo (por esta vez no lloraré sobre los costos de oportunidad, es decir lo que he dejado de ganar fuera).

Por eso, cómo he estado en todas las trincheras puedo valorar cual de las modalidades me ha resultado más difícil, más simple, estresante o placentera.

Creo que tener harta ayuda doméstica y una oficina en la casa, que es lo que yo he tratado de hacer en los últimos años, es un punto medio. Que permite dosificar esfuerzos, atender bien a la familia, pero tiene el inconveniente de que cuando uno está más inspirado llega el jardinero, se asoma el cartero a cobrar deudas o, peor aún, la guagua tiene un berrinche en medio de una conversación telefónica importante.

Sumando y restando, aún cuando los jefes y el trabajo externo son pesados, opera como un bálsamo la posibilidad de salir arreglada, maquillada, tomar café o almorzar con los compañeros de trabajo y sobre todo recibir un pago…

En la otra vereda, siento que lo peor es tener niños chicos y quedarse en la casa, trabajando como esclava y enfrentada a diálogos filosóficos con la empleada sobre la mala disposición de la basura , el color de la caca de la guagua y extrañando a muerte el café de máquina que amenizaba la oficina, los almuerzos con los compañeros de trabajo y hasta las idas al baño. Y lo peor es que es un trabajo por el cual nadie da un peso...

En síntesis: que crezcan rápido los niños para volver a trabajar remuneradamente...

Abominoplastía

Así llama a la abdominoplastía un amigo médico anestesista. La bautizó así por los riesgos y el dolor que conlleva esta operación de cirugía estética. Cuenta que la faja post operatoria se la ponen a la paciente cuando está con anestesia, porque si no los dolores son realmente terribles. Pero, el dolor no es ni ha sido impedimento para que más de una decena de amigas y conocidas hayan recurrido al bisturí para recuperar la talla S. La última fue Vanessa, una vecina cerebro XS cuya única obsesión es el gimnasio, el pelo y las arrugas y quien este verano se exhibió por toda la playa con un diminuto bikini y mostrando un abdomen que ya una de 15 lo envidiaría. O mejor dicho, que su hija y la mía envidian...

En mi caso, y luego de sentirme pésimo en mi cuarta cesárea juré que no iba a caer en la tentación del quirófano, pero cuando veo que arriba de la cicatriz la grasa forma un relieve sinuoso dudo y siento envidia por las que han tenido las ganas y los pesos para sacarse la grasa que sobra. Pero también filosofo y pienso que las cesáreas y la guatita son lo que son: el paso del tiempo no más.

Bueno, mientras escribo y siento que mi abdomen forma dos olas poco agraciadas, que tal como dice Arjona, los abdominales no pueden sacar, comenzaré a juntar unos pesos para alisarme el abdomen a la fuerza del bisturí. Total- dice el dicho-para ser bella hay que ver estrellas y si se tienen cuarenta

¿Facebook?

¿Facebook?

Tengo computador desde 1988 y hace ya varios años inicié un blog que todavía debe andar dando vueltas por el ciber espacio. Porque, luego de varios meses de inactividad me olvidé de la cuenta y de la clave de acceso y no pude recuperarlo, lo que me enfrío un tanto el entusiasmo por la producción virtual.

Hace tiempo atrás abrí una cuenta de Facebook y al comienzo me engolosiné con eso de decirle al mundo en lo que estoy, de mostrar mis fotos, pavonearme con mis vacaciones al extranjero y sobre todo encontrarme con amigos de juventud, enterarme si mis ex pololos siguen casados, cuántos hijos tuvieron etc. Fue lejos lo más interesante de Facebook y parece que este ejercicio emocional de recobrar el pasado es un estímulo importante para los maduritos, porque en el segundo semestre del año pasado los usuarios de Facebook de 35 a 54 años se incrementaron en un 267%.

Así aparecieron amigos del colegio, ex amigas, ex enemigas y uno que otro pinche del pasado. Cuando una amiga me tapizó el muro con comentarios privados y desubicados, ya no me agradó tanta visibilidad: también eran accesibles a mis compañeros de universidad y de trabajo. Además, rápidamente comprobé que alguna gente se toma en serio la adhesión a algunas causas, ejemplo más de alguien criticó que fuera parte de “Mar para Bolivia por el Atlántico”, olvidando que a veces nos metemos a grupos virtuales para reírnos un poco. La gota que rebasó el vaso y que me llevó a darme de baja fue la aparición de unos insignificantes ligues juveniles. Sólo pensar en reencontrarme con ellos me llevó rápidamente a convertirme en una ex chica Facebook